Caminos del Lógos: Lo indeterminado (I)
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domingo, 19 de julio de 2009

LO INDETERMINADO

La filosofía siempre se encuentra ante su límite (un límite al que tiene que enfrentarse si quiere ser verdadera filosofía, es decir, ontología, y no un discurso particular) cuando plantea la cuestión inevitable de lo indeterminado. Más allá de todas las determinaciones que delimitan las distintas regiones de lo óntico (e incluso más allá del estudio de los diferentes regímenes de determinación, que también es un campo de estudio que le concierne directamente) y por tanto las diferentes disciplinas, la filosofía debe hacerse cargo, como discurso unificador y totalizador (y ello obviando ahora el problema de que esa totalidad no puede ser nunca presentada como algo "objetivo", es decir, como el conjunto exhaustivo de todas las determinaciones, o sea, que no es posible ya para la filosofía establecer sistema alguno que dé cuenta de toda la realidad), de lo que es, la más básica y sin embargo más extraña de todas las preguntas.

Ahora bien, la pregunta por "lo que es" no hace referencia a "las cosas" en general, sólo que con independencia de lo que en cada caso sean; no se trata ahora de establecer una suerte de lógica válida para todo objeto desde un punto de vista formal, con independencia de sus notas específicas. De lo que se trata más bien es de explorar la materialidad de las cosas, esto es, su tenerse en lo real, pero ello desde un punto de vista distinto, anterior si se quiere, al de la física (cuyo concepto de "materia" es ya una interpretación bastante elaborada que no alcanza la originariedad del fenómeno buscada por la filosofía). Aunque partimos de unos conceptos de reflexión (materia, forma, etc.) establecidos en cuanto tales por Aristóteles, lo que hacemos es abordar la cuestión de un modo que no es el sentado por él en su programa de trabajo (que sería el de la principal línea de la metafísica posterior), el libro Gamma de la Metafísica; sino analizar un recorrido diferente que está tan sólo señalado en cuanto tal por la tradición alternativa a la de la primacía absoluta del logos; a saber, la de Schelling, Schopenhauer, Nietzsche y Heidegger; la tradición que explora lo que podríamos llamar una ontología oscura. Una tradición que, no siendo ajena al lenguaje moderno de las "facultades" del espíritu, reivindica la voluntad bajo el logos como auténtica esencia de lo real; un lenguaje del que ya Heidegger intenta desprenderse (sobre todo con su lectura de toda la metafísica como "voluntad de voluntad") para penetrar el asunto hasta el final, pero distanciándose de sus predecesores mediante una serie de interpretaciones que terminan siendo bastante tendenciosas.

Cuando hablamos de ese "tenerse en lo real" estamos haciendo referencia a lo previo a toda determinación, a todo género, a lo por su propia esencia irrepresentable: a una prote hyle que, siendo lo único que hay, no habiendo ninguna otra cosa aparte de ella, genera su propia lógica, su propia ley; lo lógico, matemático y las leyes empíricas mismas no rigen esa materia como algo extrínseco vinculado a ella de algún modo, sino que son su propio resultado, su acción.

Podría entenderse ciertamente que de lo que hablamos es de la cosa en sí kantiana, que el filósofo alemán teorizaba como correlato necesario de lo fenoménico y ya sometido a ley; tenía que haber algo "anterior" (en el orden del ser, que no del saber) a lo legislado a priori por el sujeto para que su concepto de fenómeno (que garantiza la universalidad y necesidad del conocimiento científico) tuviera sentido. Kant consideraba la cosa en sí como un "concepto negativo", como algo que en el régimen teórico de la razón podemos pensar, pero nunca conocer, y que cobra un sentido positivo sólo en el régimen práctico. Pero ante semejante "pensar" cabe mantener dos posturas: la del idealismo absoluto post-kantiano (eminentemente Hegel), que pretende hallar el modo de concebir esa cosa en sí, como saber absoluto (pensamiento especulativo), o la de esa "ontología oscura" que, rechazando todo intento de penetrar lo indeterminado (lo cual lo convertiría en algo determinado, evidentemente), busca formas de poder al menos intuirlo o expresarlo de formas sustitutivas. De ahí que para aquélla el mito y el arte se conviertan en los caminos fundamentales del pensar filosófico, y que frente a la Crítica de la razón pura siga los caminos abiertos por la Crítica del juicio, la obra de la que pende el sentido de toda genuina meta-física que aún pueda hacerse hoy en día.