Caminos del Lógos: Neurosis internáutica
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lunes, 10 de noviembre de 2014

NEUROSIS INTERNÁUTICA

Aún me dejan estupefacto las nuevas formas de relación que generan las redes sociales. Quizá ni siquiera sean tan nuevas: lo que ocurre es que las redes sociales explicitan y potencian lo que siempre ha ocurrido pero, en el cara a cara, debía ocultarse. Con los medios actuales, ya no. Se da el siguiente caso: hay un tipo al que yo no conocía de nada y del que me llegó una "solicitud de amistad" hará cosa de cuatro años (creo que porque leía mi blog). Yo la acepté. El tipo en cuestión es profesor de filosofía en un instituto de Huelva. Durante este tiempo las interacciones han sido constantes, prácticamente diarias. Y con esto quiero decir que el sujeto en cuestión no dejaba de poner un “me gusta” bajo cada publicación mía ni de comentar algo en casi todas ellas. La verdad es que era un poco pesado, pero me parecía buena gente. Por lo demás, coincidíamos en muchas cosas (ideas políticas, filosóficas, educativas, etc.); incluso en más de una ocasión me copió la foto del perfil, obligándome a cambiar la mía. Llegué a pensar que tenía algún tipo de fijación libidinal en mí, pero en fin, que cada cual haga lo que quiera mientras no moleste.

El caso es que hace unos días empezó a escribir cosas muy paranoicas sobre que su perfil en dicha red social está siendo pirateado y que alguien pone los “me gusta” por él. Yo le digo que, aunque evidentemente todo lo que hacemos en una red social está controlado y es información que se vende con usos comerciales y policiales, tampoco tiene que ser más paranoico de lo necesario; que a veces, simplemente, fallan. Ayer me manda un mensaje privado diciendo que está seguro de que le están controlando la cuenta; yo le contesto en un tono un tanto irónico (pero sin mala intención) que no creo que haya ninguna conspiración en marcha contra él. Consecuencia: el tipo se pasa más de una hora mandándome insultos por mensaje, de los cuales lo menos fuerte que me dice es «estoy hasta los cojones de tu chulería barata de madrileño prepotente». Yo no estaba en ese momento frente al ordenador; me encontré todo después. Pero para entonces el pobre demente me había bloqueado, impidiéndome contestarle para preguntarle, cuanto menos, si estaba bien de la cabeza. Maleducado y cobarde, el amigo.

No es la primera vez que sufro algún incidente de este tipo, pero nunca por un motivo más ridículo. Es increíble cómo le crecen las gónadas a la gente cuando se comunica a través de un teclado. Yo tengo por máxima no escribir nada que no estuviera dispuesto a repetir a la cara a nadie. Pero vaya… no cabe duda de que el abuso de las redes sociales (y de internet en general) modifica los patrones psicológicos de la gente y sus formas de relación llevándolos a límites absurdos. El día de mañana habrá nombres clínicos para todas las enfermedades que hoy se están creando. Y supongo que yo no seré la excepción. La cuestión, como decía Freud, no es si somos o no neuróticos, sino cuánto lo somos. Cada vez más, me temo. Y digo neuróticos por no decir imbéciles. Como este tipo.