Caminos del Lógos: Reflexión metafísica (VI)
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lunes, 5 de agosto de 2013

REFLEXIÓN METAFÍSICA (VI)

Por último cabe hablar del parentesco de la metafísica con el arte. Hablamos aquí de la metafísica, una vez más, como parte nuclear y soporte teórico de la filosofía, a la que proporciona sus intuiciones y conceptos fundamentales acerca de la realidad. Al carecer de valor demostrativo y mostrar ese marcado carácter "intuitivo" o "subjetivo" –que intenta elevar a universal por medios argumentativos, ha sido considerada por muchos autores (especialmente a partir del romanticismo y del vitalismo del siglo XIX) un discurso esencialmente poético, esto es, una forma de acceso a la realidad no científica, sino que más bien debe entenderse como una experiencia personal de la misma que pretende, eso sí, comunicarse conceptualmente (al contrario que el arte o la mística, por ejemplo). Hay quien ha llegado incluso a decir por ejemplo, Richard Rortyque no se trata sino de un género literario sin mayores pretensiones de verdad que las meramente retóricas.

Este tipo de discurso está muy en boga en la coyuntura filosófica actual; considera que toda descripción de la realidad en términos no estrictamente empíricos es por ello mismo acientífica –lo cual es cierto–, y en esa medida, algo ciertamente más "artístico" o "literario" que otra cosa –lo cual ya es bastante más discutible. De ahí que en muchos círculos filosóficos (por no hablar de los científicos, en los que esta opinión es la dominante hace más de un siglo) se dé la metafísica por muerta, simplemente, en cuanto forma legítima de conocimiento; se le reconoce únicamente el valor histórico que haya podido tener como aproximación teórica a problemas que finalmente fueron resueltos por vía experimental o que, de lo contrario, han de ser desechados en cuanto falsos problemas. Así lo han creído, por ejemplo, Wittgenstein o Popper, que han considerado que la metafísica sólo se ocupa de pseudoproblemas. No es que no pueda responder a las preguntas que se hace: es que las preguntas mismas están mal planteadas (aquí, como en otras partes, se verifica que la prohibición de hacer preguntas resulta en la prohibición misma de pensar).

Semejante enfoque está muy difundido; de hecho, hoy en día es prácticamente hegemónico. Pero hay quien se niega a aceptarlo y defiende que la metafísica, como la filosofía en general, no es género literario o poético alguno, pues si bien parte de una experiencia muy particular de la realidad, en todo momento pretende construirla conceptualmente con el fin de alcanzar una comunicabilidad racional y universal de sus teorías. Éstas dejan de ser meras "intuiciones", "opiniones" o "experiencias" personales para elevarse a una descripción quizá no empíricamente verificable, pero sí intelectualmente asumible, del mundo y de la condición humana. Una descripción que, por supuesto, no deja de ser una interpretación de la realidad que ha de coexistir con otras interpretaciones y soportar toda la crítica que pueda provenir de éstas. Ello incluye a las propias ciencias empíricas, que en el fondo no son sino otras interpretaciones de la naturaleza o la sociedad. Interpretaciones, eso sí, que han puesto a prueba su capacidad de predecir controladamente fenómenos; pero que están también sujetas a revisión, pues no pueden hallar una verdad definitiva. La metafísica no tiene por qué reducirse a lo que digan las ciencias, pero desde luego no puede ir contra sus resultados, a no ser que quiera caer en un esteticismo vacío (en el que, ciertamente, se han refugiado muchos teóricos mediocres) que a lo más que podrá aspirar es a hacer el ridículo.